Reliquia familiar evidente

Cincuenta años después de su adquisición, el sillón y el descansapiés Eames comienzan su tercer capítulo con una nueva generación de la misma familia neoyorquina amante del diseño.

 

Escrito por: Curt Wozniak

Ilustración de: Ross Mantle

WHY Magazine - Heirloom Apparent

Una familia está formada por personas, pero los lugares y los objetos —el hogar familiar, el juguete favorito de un niño, la porcelana china de la abuela, el perfume de la madre— ciertamente le proporcionan un contexto, que queda anclado en la memoria a medida que los niños crecen y las etapas de la vida fluyen de una a la otra.

Para Marianne Rohrlich, estos principios tienen un significado especial. Rohrlich es una periodista de diseño de larga trayectoria, una escritora que se especializa en mobiliarios para interiores y que ha hecho de su vida profesional una celebración de estos toques contextuales.

"Escribo sobre diseño desde hace 35 años, y las cosas son muy importantes para mí", dice, sentada en una silla del palacio de justicia de Ohio del siglo XIX, que marca un contraste evidente entre una silla Soriana de cuero de Afra y Tobia Scarpa y un sofá con respaldo elevado de Paul McCobb en el living de su departamento en el Upper West Side. "Después de mi hija y de mi hijo", agrega, "los objetos son mi vida".

La firma de Rohrlich, que todavía aparece con regularidad en la columna Registry de la sección Styles (Estilos) todos los domingos en The New York Times, ha sido de lectura habitual en el Times desde 1984. Lo que más se destaca es su columna "Personal Shopper" de larga trayectoria, que permitió que los lectores conocieran innumerables productos y diseñadores durante su gran tiraje en la desaparecida sección Home.

Marianne Rohrlich's Eames Lounge

Luego de usar su sillón Eames en su dormitorio durante los últimos 30 años, Marianne Rohrlich, columnista del New York Times, lo ha restaurado y se lo ha entregado a su hija, Monica Molenaar, y familia.

“Sabíamos que era una pieza importante del mobiliario moderno de mitad de siglo, pero no sabíamos que se convertiría en el ícono que es actualmente”.

-Marianne Rohrlich

Los conocimientos de Rohrlich relacionados con el diseño comenzaron a temprana edad. Tal como recuerda, sus padres remodelaron su departamento en el Upper West Side cuando ella tenía 12 o 13 años, y reemplazaron sus muebles franceses de estilo provenzal por muebles modernos, muchos de los cuales se transformarían en íconos de esa época. Durante todo el proceso de diseño, Marianne frecuentemente acompañaba a su madre y al diseñador de interiores que había contratado, un socio de la oficina de Ward Bennett, a ir de compras a los salones de exposición y ventas del Decoration & Design Building, el Decorative Art Center y otros espacios de diseño de Manhattan.

"Fue realmente allí, a finales de la década de 1950, que aprendimos sobre el mobiliario moderno, que conocimos las habilidades de Jim Thompson, que conocimos las alfombras de Edward Fields", dice Rohrlich. "Fue entonces cuando realmente comencé a aprender".

Esos conocimientos echaron raíces, y no solo con Marianne, cuyo dormitorio en esa época incluía una cómoda George Nelson, una mesa auxiliar Isamu Noguchi y una silla Bird de Harry Bertoia. Carl Glick, padre de Rohrlich, un banquero de inversiones jubilado, también se convirtió en un modernista crónico que convivía con el mobiliario de líneas nítidas y determinado de los grandes diseñadores de mediados del siglo XX.

Cuando los padres de Rohrlich se divorciaron en 1966, el Sr. Glick ocupó un departamento en el centro de la ciudad y, con la ayuda de Marianne, lo amuebló con muchas de las mismas piezas modernas que ella y su madre habían descubierto en sus recorridos de compras, con una adición notable.

El socio mayoritario de la firma donde Glick trabajaba se había mudado a un departamento en un edificio que quedaba a la vuelta de la esquina. Tal como recuerda Glick, el interior del departamento del socio mayoritario había sido remodelado por Vladimir Kagan, el reconocido diseñador neoyorquino. "Fui a visitarlo un día y vi un sillón Eames allí", dice Glick. "Me resultó hermoso. Era simplemente adorable, y era perfecto para lo que necesitaba mi departamento".

Glick buscaba un sillón donde pudiera sentarse de manera cómoda para mirar televisión o escuchar música en su habitación. El sillón y el descansapiés Eames satisfacían estas necesidades y más. "Era cómodo, estaba bien hecho, y le aportaba una magnitud adorable a mi departamento", dice Glick.

"En ese momento, se cumplían 10 años de la presentación de ese producto", recuerda Rohrlich. "Sabíamos que era una pieza importante del mobiliario moderno de mitad de siglo, pero no sabíamos que se convertiría en el ícono que es actualmente".

Carl Glick in the refurbished 1966 Eames Lounge

Carl Glick, el banquero de inversiones jubilado, de 94 años, vuelve a sentarse en el sillón con descansapiés Eames de cuero marrón que adquirió en 1966.

Luego de algunos años, Glick volvió a contraer matrimonio. Sin embargo, su segunda esposa no compartía esta creciente afición por el modernismo americano. De hecho, sus gustos en cuanto al mobiliario eran diametralmente opuestos; coleccionaba antigüedades inglesas.

El romance o, mejor dicho, el Romanticismo, ganó la batalla y Glick complació a su nueva esposa, que redecoró por completo el departamento a su gusto. A medida que la pareja amalgamaba sus pertenencias, gran parte del mobiliario moderno de Glick fue regalado. El sillón y el descansapiés Eames, junto con otros mobiliarios, incluido el sofá Paul McCobb, terminaron con su hija. Eso fue en 1977, y durante casi cuatro décadas, el sillón Eames cumplió hábilmente su misión en el dormitorio de Rohrlich.

Sin embargo, en estos últimos años, el sillón de casi 50 años comenzó a revelar su edad. Los soportes amortiguadores se secaron y comenzaron a crujir. Las costuras comenzaron a deshilacharse junto al ribete. Pero quizá el aspecto más trágico fue que Rohrlich dejó de usarlo. "No me resulta cómodo sentarme allí ahora", se lamenta. "En este momento me resulta demasiado bajo. El respaldo es bastante inclinado, y prefiero algo un poco más firme, más alto y más recto".

El sillón Eames permanecía en su dormitorio, pero se había convertido en un espacio de almacenamiento, "tal como sucede con las bicicletas fijas con el paso del tiempo", bromea Rohrlich. "Mientras tanto, me siento sobre el borde de la cama porque ahora no dispongo de una silla en mi dormitorio que me permita sentarme allí".

“Hace 30 años que no me sentaba en este sillón. Probablemente lo vuelva a llevar conmigo”.

- Carl Glick

Images of Eames Lounge components

Como parte de nuestro proceso de reacondicionamiento, se quitaron los soportes amortiguadores originales y se rebajaron las estructuras de madera para poder aplicar los nuevos soportes amortiguadores.

Para una periodista que se ha hecho conocida por compartir hallazgos de diseño con sus lectores, comprar una silla nueva no parecía ser un gran desafío. ¿Pero qué podía hacer con el sillón de su padre? Se lo ofreció a su hija, Monica Molenaar, quien lo aceptó con agrado. "Crecí viéndolo y sentándome en él cuando miraba TV en el dormitorio de mamá, por lo que lo asocio con mi niñez", dice Molenaar. Una vez tomada esta decisión, Rohrlich instintivamente volvió a su "modo compradora experta", y comenzó a buscar proveedores que pudieran reacondicionar el sillón para Monica y su familia. Sabía que, si bien la garantía del sillón había caducado, Herman Miller todavía podía coordinar los servicios de reparación.

Las solicitudes de reparación de las antiguas piezas 670 y 671 (los números de producto originales del sillón y el descansapiés) son bastante comunes, al menos para Julie Denton, quien reparó más de 15 000 de estas piezas desde 1999 como parte de su trabajo como Coordinadora de Productos Devueltos para Reparación (RFR, por sus siglas en inglés).

"La mayoría de la gente las deja en el mismo estado en el que se la entregó su abuelo", dice Denton. "Aquí hablamos sobre piezas antiguas, así que tratamos de mantener los procesos lo más parecidos a los métodos de construcción originales". Por ejemplo, Denton usa una serie de soportes sujetadores diferentes, que coinciden con los adecuados para sillas de diferentes épocas.

“La mayoría de la gente la deja en el mismo estado en el que se la entregó su abuelo”

- Julie Denton

Images of Eames cushion repairs

Luego de inspeccionar el cuero, que estaba en buenas condiciones después de medio siglo de uso, se cosieron los cierres nuevos al asiento original y a los cojines del respaldo.

"Las personas que conservan estos sillones durante tanto tiempo hacen todo lo posible por salvarlos, los engrapan, les colocan un adhesivo caliente, de todo", dice Tammy Williams, líder del equipo de fabricación de las piezas 670/671, quien también se ocupó de volver a zurcir el tapizado de cuero marrón del sillón reacondicionado de Molenaar. "Pero el sillón de esta familia está en buen estado. Lo han cuidado. El cuero está gastado, pero no rasgado".

Los servicios de reparación de las sillas antiguas (y sus costos) varían en función del estado de la silla y sus materiales, así como del proveedor de servicios seleccionado para realizar el trabajo. Cualquier reparación necesaria a un artículo 670 o 671 nuevo dentro de los primeros cinco años de la compra original está cubierta por la garantía de Herman Miller.

Para que las reparaciones necesarias sean mínimas, Denton recomienda cuidar el cuero y la madera de manera adecuada. Sus recomendaciones: limpiar el cuero regularmente con un paño suave y seco, y en el caso de los sillones como el de Molenaar, que tienen una chapa de madera con acabado oleoso, es necesario lubricar la madera cuando comienza a secarse. "Es como si te ocuparas de cuidar tu propia piel", dice Denton. "Limpiar e hidratar".

Images of Care and Maintenance of Eames Lounge

Para restaurar el acabado del sillón de 50 años, fue necesario limpiar las estructuras de madera y aplicar varias capas de aceite durante dos semanas con el Kit de cuidado y mantenimiento para el sillón y el descansapiés Eames de chapa de madera con acabado oleoso.

Una vez finalizado el proceso de reacondicionamiento, que toma un promedio de dos a tres semanas, el sillón y el descansapiés Eames de Molenaar fueron llevados a su departamento. Con los nuevos soportes amortiguadores, el tapizado zurcido de nuevo y el reemplazo del cuero marrón para su descansapiés, el sillón lucía como hace décadas; sentarse allí producía exactamente la misma sensación de entonces. "Hace 30 años que no me sentaba en este sillón", dice bromeando Glick luego de ver el sillón reacondicionado por primera vez. "Probablemente lo vuelva a llevar conmigo".

Desde su nuevo hogar, en un rincón de la biblioteca de la familia Molenaar, el sillón y el descansapiés ya conocieron a su cuarta generación de propietarios: los bisnietos de Glick, de 9 y 11 años. Molenaar espera pasar este conjunto a uno de ellos algún día.

"Sé que pasar muebles de uno a otro no es una idea novedosa", dice. "Si piensas en el mundo de las antigüedades, las personas que compran objetos de calidad tienden a pasárselos unos a otros. Pero con tantos productos actuales, este tipo de artesanías de calidad ha dejado de verse".

"Siento que, de alguna manera, estas piezas son parte de mi legado", agrega Rohrlich. "Una cosa es escribir sobre diseño, pero al vivir efectivamente con los objetos, puedes apreciarlos a otro nivel".

Monica Molenaar and her sons

La tercera y cuarta generación de propietarios del sillón y el descansapiés Eames: Monica Molenaar y sus hijos, de 9 y 11 años.